En Argentina, la Ley de Cupo Femenino sentó un importante precedente. Su finalidad es lograr la integración efectiva de las mujeres en el Congreso y hoy ocupamos un promedio del 38% de las bancas en el Poder Legislativo Nacional.
El camino no fue sencillo. Los resultados positivos fueron producto de un proceso lento en el que la implementación de la ley se logró recién después de diez años de su sanción.
Aun así, comparto la inteligente observación de Florentina Gómez Miranda cuando señalaba que: el problema es que los cupos siguen manejados por la lapicera de los hombres.
Además, en cada proceso electoral, siempre hubo y hay dificultades que sortear, interpretaciones equívocas de la ley, acuerdos fraudulentos y candidaturas testimoniales ¿Qué ocurre entonces en los ámbitos de toma de decisión? ¿Por qué aún no hemos avanzado en términos de igualdad de género? A las mujeres nos limita el llamado Techo de Cristal, ese conjunto de normas no escritas que nos dificulta acceder a los puestos de alta dirección en el ámbito laboral privado y público.
Esta limitación es invisible, no hay normas que la describan ni disposiciones que la corrijan.
Nos resta, además, conciliar el trabajo y la familia. Faltan políticas públicas que reconozcan verdaderamente el trabajo doméstico, el derecho a contar con servicios destinados al cuidado de los hijos, el derecho a recibir cuidados, permisos de maternidad y paternidad.
Además, la deuda es mayor y eminente, ya que estas desigualdades afectan más a las mujeres pobres, madres adolescentes y adultas mayores.
El desafío entonces es trabajar en políticas conciliatorias de género para lograr real igualdad de oportunidades para mujeres y varones en el acceso a los puestos de decisión.
En una sociedad machista como la argentina todavía tenemos que estar muy atentas y cuidar que no se desvanezcan los resultados conseguidos recordando con una sonrisa y sin revanchas la frase de Victoria Ocampo:" Lo que los hombres, fuera de una minoría que bendigo, no parecen comprender es que, no nos interesa en absoluto ocupar su puesto, sino ocupar por entero el nuestro".
El camino no fue sencillo. Los resultados positivos fueron producto de un proceso lento en el que la implementación de la ley se logró recién después de diez años de su sanción.
Aun así, comparto la inteligente observación de Florentina Gómez Miranda cuando señalaba que: el problema es que los cupos siguen manejados por la lapicera de los hombres.
Además, en cada proceso electoral, siempre hubo y hay dificultades que sortear, interpretaciones equívocas de la ley, acuerdos fraudulentos y candidaturas testimoniales ¿Qué ocurre entonces en los ámbitos de toma de decisión? ¿Por qué aún no hemos avanzado en términos de igualdad de género? A las mujeres nos limita el llamado Techo de Cristal, ese conjunto de normas no escritas que nos dificulta acceder a los puestos de alta dirección en el ámbito laboral privado y público.
Esta limitación es invisible, no hay normas que la describan ni disposiciones que la corrijan.
Nos resta, además, conciliar el trabajo y la familia. Faltan políticas públicas que reconozcan verdaderamente el trabajo doméstico, el derecho a contar con servicios destinados al cuidado de los hijos, el derecho a recibir cuidados, permisos de maternidad y paternidad.
Además, la deuda es mayor y eminente, ya que estas desigualdades afectan más a las mujeres pobres, madres adolescentes y adultas mayores.
El desafío entonces es trabajar en políticas conciliatorias de género para lograr real igualdad de oportunidades para mujeres y varones en el acceso a los puestos de decisión.
En una sociedad machista como la argentina todavía tenemos que estar muy atentas y cuidar que no se desvanezcan los resultados conseguidos recordando con una sonrisa y sin revanchas la frase de Victoria Ocampo:" Lo que los hombres, fuera de una minoría que bendigo, no parecen comprender es que, no nos interesa en absoluto ocupar su puesto, sino ocupar por entero el nuestro".


